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¿Qué son los Valores Universales?

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BIENVENIDOS AL MUNDO DE LOS VALORES

Son guías que controlan la conducta humana, son verdades profundas e indiscutibles que fueron creadas desde que el hombre se organizó como verdadero Homo Sapiens hace miles de años. Son pautas a seguir entre los seres humanos con el deseo de compartir el mundo y de vivir en armonía.

A estos valores se les reconoce en forma universal ya que son planteamientos filosóficos bien aceptados por todo el mundo. No hay país o persona que pueda dudar de su importancia y aceptación. Son vinculaciones o reglas que sostienen las relaciones entre las personas, que van diseñando la confianza entre las parejas, con los hijos, con los padres, entre amigos, con los compañeros de trabajo, entre grupos organizados, etc. Esto significa que si la relación no está sustentada en estos valores, esa relación no es confiable, son simplemente vinculaciones cómodas, sin compromiso.

Dice Stephen Covey: “Los Valores Universales o principios universales son evidentes por sí mismos y pueden ser comprobados por cualquier persona. Forman parte de la condición estrictamente humana, de la conciencia y la moralidad. Parecen existir en todos los seres humanos, pero la propia naturaleza humana los sumerge en la deslealtad. Los principios emergen bajo la forma de reglas, ideas, normas y enseñanzas que edifican, ennoblecen, satisfacen, fortalecen e inspiran a la humanidad y de esta manera, podemos vivir en armonía”

Los genuinos valores universales dependen de la formación espiritual, no necesariamente con una visión religiosa, aunque curiosamente, todas las religiones están sustentadas en Valores Universales y en otros valores propios de cada una de ellas, sino que son reglas que se derivan de los dones o cualidades eminentemente humanas como lo señala Stephen Covey:

1.- La conciencia: La capacidad de saber perfectamente lo que hacemos y quienes somos.

2.- La imaginación: La capacidad de construir en la mente y después convertirlo en realidad.

3.- La voluntad: La cualidad de lograr lo que pretendamos con determinación, carácter y atrevimiento.

4.- La moralidad: La capacidad de diferenciar o discriminar que es el bien y que es el mal.

Los principios universales actúan como guías espirituales para tomar decisiones correctas en situaciones llenas de incertidumbre o dificultad, pero también en el orden de los positivo, es una de las estrategias inteligentes para alcanzar el éxito tan anhelado. Los grandes líderes, los verdaderos líderes, son congruentes con estos principios, lo que les confiere una enorme calidad humana y por ende para encauzar por los senderos correctos a las organizaciones o grupos de seres humanos, pero siempre pensando en el bien de los demás. La única forma de sentirnos tranquilos y realizados, es vivir de acuerdo con estos principios. Si no lo hacemos así, seguramente, tarde o temprano, nos guste o no nos guste, le entienden o no a estos conceptos, tendremos que sufrir o de disfrutar de las facturas que se derivan de pisar, transgredir o violar los grandes valores universales o por lo contrario de engrandecer nuestra actuación cotidiana al sustentarla en valores.

Estos principios deberían de orientar cada una de nuestras decisiones y, en consecuencia, edificar progresivamente nuestro porvenir. Cuando actuamos fuera de estos principios encontraremos dolor y sufrimiento. La Honestidad, el Respeto, la Disciplina, la Humildad, la Dignidad, la Responsabilidad, el Compromiso y el Perdón, proporcionan calidad humana, flexibilidad a nuestras creencias, pero lo más importante es vivir diariamente de acuerdo con estos valores, a ello se le llama Integridad.

Un pequeño relato de valores

En una ocasión se encontraba una señora muy pobre, descansando en su modesta casita y repentinamente penetra un delincuente armado de un filoso cuchillo pretendiendo robarle sus escasas pertenencias, porque hay personajes sin escrúpulos, pero este delincuente al observar a esta mujer tan desvalida en su miseria, con tanta tristeza que proyectaban sus ojos y el ambiente de soledad que la rodeaba, sintió compasión por su víctima y le comentó:

-Me das lastima y ternura a la vez, ¿Qué puedo hacer por ti?

La mujer aquella lo observó detenidamente, se quedó pensativa por varios instantes, como buscando la solución o la respuesta a tan especial circunstancia:

-¿Ves aquel pequeño radio que tengo encima de la alacena?, Tómalo por favor, arráncale la antena, despréndele las bocinas y rómpele el cable de energía

El delincuente se quedó pensativo, dudando de lo que había escuchado, pero ante la  mirada insistente de la señora se decidió a hacerlo, y le arrojo los pedazos a los pies de aquella mujer

-Ahora te pido otro favor: ¡Por favor, ayúdame una vez más, recoge los pedazos y vuelve armar mi radio! Le dijo aquella mujercita

El delincuente extrañado, le lanzo una ofensa y la maldijo. ¿Qué pretendes? Imposible que lo pueda reconstruir.

La Señora aquella le dijo con una sonrisa irónica pero matizada de una verdad indiscutible:

-Si creías que tenías poder por venir armado, déjame decirte que el verdadero poder no es para destruir, el poderoso demuestra su grandeza solamente cuando construye. Jamás destruyas lo que no es tuyo, porque seguramente eso fue hecho por los cultivadores de valores: Fue creado con disciplina, perseverancia, compromiso, responsabilidad, sacrificio, dolor, esfuerzo, entrega y tarde o temprano, tendrás que pagar las facturas por haber violado los grandes valores.

Autor no identificado

 

MUCHAS GRACIAS.

HASTA LA PROXIMA Y RECUERDEN A VIVIR EN ARMONIA, CON VALOR Y CON VALORES

 

 SERVANDO NAVA ECHEVERRÍA

Sobre el Autor

Ivonne Aquino

Directora operativa

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