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Las tribulaciones de Vargas Llosa

foto: cortesía FIL
foto: cortesía FIL

Cada vez que Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) se mira al espejo o sorbe una taza de café se pregunta si en el futuro los libros serán devorados por las máquinas. Da un nuevo sorbo y se cuestiona si para entonces los nacionalismos se acentuarán o si la única literatura que sobrevivirá será la del entretenimiento en medio de una cultura pobretona, al punto en que Cervantes, Shakespeare y Proust dejaran de tener sentido. Esto lo perturba y en su cabeza estalla una sirena de ambulancia donde una voz le dice que en ese escenario los seres humanos perderán su libertad.

Todo eso transcurre en la mente de Vargas Llosa, reconoció el propio autor que encabeza la 30 edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, donde el autor de La ciudad y los perros, La fiesta del chivo y Premio Nobel de Literatura 2010, se llena de incógnitas.

“Una pregunta que me angustia mucho es: ¿qué va a pasar con el libro?, ¿acaso tiene futuro en la sociedad que se nos viene?, ¿seguirá siendo ese instrumento esencial del entretenimiento, el desarrollo, la sensibilidad y del conocimiento humano? ¿O será devorado por las máquinas y las pantallas?”, dijo en un encuentro con los medios.

Algunos filósofos creen que los libros serán devorados por las pantallas y lo aplauden, explicó. Reconocen que por primera vez vivimos en medio de una cultura democrática, llena de pantallas, con una cultura pobretona, no muy refinada ni complicada, donde las pantallas no producen nada comparable a la cultura de los libros. “Pero sé que en ese mundo la literatura desaparecerá”, sentenció Vargas Llosa con el semblante lleno de frustración.

“¡Esto me angustia muchísimo! Porque nos llevaría a un empobrecimiento de la humanidad y, probablemente, la víctima principal sería… la libertad. La libertad podría desaparecer si llegáramos a vivir en un mundo enteramente de máquinas, donde ya no tuviéramos que hacer esfuerzo alguno para pensar; y en este escenario la posibilidad de que los poderes manipulen a la sociedad -ya lo imaginó George Orwell- sería un mundo totalitario y una realidad”.

Ésa es una de las preocupaciones que todos deberíamos tener, aseguró el también ensayista y dramaturgo peruano-español, “porque nosotros escribimos la historia, con nuestras decisiones, y podríamos evitar un futuro de esa índole. ¡No digo que vaya a ocurrir! Pero hay muchas maneras de resistir esa deriva; lo importante es planteársela y reflexionar sobre las consecuencias de un mundo en el que las máquinas invadan nuestra vida”, espetó.

EROTISMO Y PORNOGRAFÍA

Sobre su más reciente novela, Cinco esquinas, Vargas Llosa comentó que quiso escribir una historia que navegara en las aguas del erotismo, situada en una época donde la prensa tuviera un papel despreciable y ruin, al utilizar una serie de escándalos inventados para controlar la opinión pública.

“Quise escribir una historia vil y canalla donde el periodismo (amarillista) fuera utilizado con fines políticos, tal como ha sucedido dentro de las dictaduras, con periodistas que cumplen ese tipo de roles y cómo esto degrada la vida política y su efecto en los medios de comunicación”, explicó.

¿Por qué en esta novela aborda la intromisión del poder en la vida privada?, se le inquirió al también articulista. “Porque esa intromisión ocurre no sólo en las dictaduras, sino en las democracias… donde muchas veces la prensa disfruta de una libertad que le concede la democracia y la legalidad”, pero la utiliza, dijo,  para inmiscuirse en la vida privada de las personas, para alimentar un tipo de curiosidad morbosa que puede llegar a un gran público.

“Este fenómeno, agregó, lo ha tratado de una manera resumida en su libro La civilización del espectáculo porque es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, una deriva curiosa en el caso de la democracia y la libertad que se excede al entrometerse en la vida privada de los otros”.

Sobre el tema de la pornografía y el erotismo, que también es abordado en Cinco esquinas, el autor comentó que la diferencia entre ambas palabras radica en una diferencia estética, lo que hace que la pornografía sea un erotismo mal escrito.

ESPIRAL HISTÓRICA

Por último, Vargas Llosa dedicó un largo comentario a la historia y el nacionalismo, donde aceptó que no siempre las sociedades aprenden de la historia.

“Existen fenómenos que parecen incapaces de ser erradicados completamente de una sociedad y uno de ellos es el nacionalismo”, a pesar de que tras la Segunda Guerra Mundial “hubo una especie de horror frente al nacionalismo que provocó dos cataclismos indestructibles y millones de muertos. Entonces parecía que el mundo había entendido que el nacionalismo era un peligro y debía erradicarse en la vida de las naciones”. Pero no fue así.

Ahora el nacionalismo ha brotado en países civilizados como la Gran Bretaña (con el Brexit), al que el autor definía como el país más democrático del mundo. Ahí surge otra pregunta al escritor: ¿Cómo era posible que brotara el nacionalismo en un país democrático y con ese nivel de cultura cívica?, ¿por qué la gente creía en las mentiras flagrantes de políticos en cuyo discurso se esconde el racismo puro y duro?

“Esto demuestra que nada vacuna totalmente a un país contra esa idea tribal de encerrarse entre lo conocido, lo propio y ver en lo desconocido al enemigo, al adversario o la fuente del mal… Pero no quiero terminar mostrándome pesimista”, reconoció. “A pesar de todo América Latina es hoy un mejor lugar que cuando era joven, pese a que muchos latinoamericanos aún no tengan igualdad de oportunidades”, concluyó.

“LE CREÍMOS A FIDEL CASTRO”

Con la muerte de Fidel Castro (1926-2016) no sólo se entierra a un mito y a una leyenda, sino que comienza a resquebrajarse la estructura de dominación y control sobre el sistema cubano. Así lo dijo ayer Mario Vargas Llosa durante el segundo día de actividades en la edición 30 de la FIL de Guadalajara.

“Será muy difícil que el régimen sobreviva porque él mantenía más o menos inmovilizada la estructura (del sistema cubano) y le impedía modernizarse. Pero con su desaparición, las estructuras de dominación y control se resquebrajarán; esperemos que este proceso sea rápido y sobre todo indoloro, para que no traiga más violencia de la que ya ha padecido el pueblo cubano”, apuntó.

Autor de novelas emblemáticas como Conversación en La Catedral y Los cuadernos de don Rigoberto, Vargas Llosa definió a Castro como un personaje que deslumbró a su generación, aunque muy pronto ese encanto se perdió.

“Fidel parecía salido de una novela de aventuras, luchó contra una dictadura en las montañas, derrotó a Fulgencio Batista y su dictadura. Aquel Castro afirmaba que la Revolución sería profundamente democrática y no se convertiría en una revolución comunista porque no tenía intención de perpetuarse en el poder”.

Castro prometió que habría elecciones libres y que Cuba sería un ejemplo de democracia. “¡Se lo creímos! Pero todo fue mentira”, reconoció el autor. “Al final el balance es el mismo: Castro ha sido el dictador más longevo en la historia latinoamericana con más de 77 años en el poder”.

Vargas Llosa habló también sobre el triunfo de Donald Trump en las elecciones de EU: “Nos parece tristísimo que un país como Estados Unidos, donde se supone que hay gente educada y bien informada, pueda votar por un demagogo e inculto… pero es una demostración más de que la cultura y la civilización no vacunan a una sociedad contra el populismo y la demagogia”.

Aceptó que le preocupa el efecto que podrían tener las decisiones de Trump en el mundo pero confió que los mecanismos de un país democrático como EU controlen al Presidente.

NECESITADO DE UNA VOZ SALVAJE

“El exilio es una experiencia humana esencial. El exilio global se ha convertido en una realidad cotidiana. Migrar nos recuerda esa parte dinámica de la identidad, es una oportunidad benéfica de revitalización espiritual”, afirmó el escritor rumano Norman Manea (1936) al abrir ayer el Salón Literario de la 30 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Tras recibir la Medalla Carlos Fuentes de manos de la viuda del escritor, Silvia Lemus, que se le entrega cada año al creador que inaugura el programa, el novelista, cuentista y ensayista narró que “si miramos las calles de las grandes ciudades nos encontramos al mundo entero”.

Y evocó sus dos grandes exilios: el interno en un campo de concentración, al que fue llevado en 1941 por su origen judío, donde permaneció durante cuatro años, y cuando abandonó su país en 1986, huyendo de la censura de la dictadura comunista de Ceausescu.

Sin embargo, aclaró, a pesar de que su peregrinar por el mundo lo motivó a aprender diversos idiomas, el ucraniano, el yidish, el alemán, el ruso, el francés y el inglés, nunca olvidó su lengua nativa, el rumano, que redescubrió a los nueve años cuando regresó a la casa paterna.

“A ninguna de estas lenguas las he interiorizado con profundidad, son extranjeras al fin y al cabo. Mi lengua a domicilio sigue siendo el rumano. Es el único idioma en el cual me siento seguro. La lengua con la que nací fue exiliada conmigo”, explicó.

El autor de El regreso del huligan destacó que también su descubrimiento de la ficción, de su vocación literaria, fue en su lengua romance. “Cuando salí del campo de concentración me regalaron un libro de cuentos populares de un autor rumano. Entonces se produjo en mí el milagro de la palabra, la magia de la literatura. Que para mí fue herida y consuelo a la vez”.

Dijo que disfrutó mucho su reencuentro con el rumano a los nueve años. “Redescrubrí la comida, los juegos, los lugares, los parientes, pero sobre todo la lengua. Ávido, exploraba nuevas palabras y significados”.

Ante un auditorio Juan Rulfo lleno en su mayoría de público joven, el autor de Felicidad obligada aseguró que su primer texto, escrito en 1947, fue en rumano. “En mis páginas encontré cierto refugio y un verdadero domicilio. La magia de las palabras me ayudó a reencontrarme con mi yo y mi lengua”.

Después el también poeta, género que ha practicado escasamente, vivió en la Rumania comunista la nacionalización de los bienes de producción, el cierre de escuelas y editoriales privadas, la instauración de la censura y la depuración de las bibliotecas. Lo que lo decidió a dejar su país, pero se llevó con él su lengua, que era algo que le pertenecía, que nadie le podía arrebatar.

“El segundo exilio, a los 50 años de edad, me daba otro sentido de deslegitimación. Alemania fue mi primer domicilio lingüístico, pues fui becario en  Berlín. Y en 1989 hice mi primera aparición pública en Nueva York, hablando del fin de las ideologías”, recuerda.

El autor de El sobre negro asegura que el desarraigo representa un trauma del que toma tiempo observar efectos positivos. “Escribir en otra lengua es una experiencia deslumbrante. Pero a mi temperamento no le conviene el francés, yo necesitaría una lengua salvaje, de borracho.

“En su lengua, el escritor encuentra su voz, su estilo, su impronta, porque no controla las traducciones de su obra. La integridad y la interioridad del escritor reside en su lengua. Mi lengua reviste hoy mi identidad”, indicó.

Y, efectivamente, el autor de La guarida no controló la traducción que se leyó ayer de su conferencia magistral y manifestó su descontento antes de comenzar la charla. “Aún no comprendo por qué el comité organizador de la feria no usó la traducción de un joven que invirtió muchas horas en traducirlo”.

Pero, sin explicar más, en ocasiones se comunicaba brevemente en inglés y regresaba al rumano, que ha sido el protagonista de su visita a México, en la que vino a recoger el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances que le fue otorgado este año, dotado con 150 mil dólares.

 

 

(Con información de Juan Carlos Talavera)
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