Análisis de Carmona Columnas

Las perspectivas de México ante el Gobierno de Donald Trump

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El maestro Roberto Corvera Guzmán, Rector de la Universidad Angelópolis de la ciudad de Puebla, pidió mi opinión sobre este tema para presentarla a maestros y estudiantes de esta casa de estudios como un elemento adicional para que formen su juicio sobre este tema. Agradezco y atiendo la petición.
Fin del Consenso de Washington.

RETOMAR LA VÍA MEXICANA DEL
DESARROLLO EN LA GLOBALIZACION.
Por Salvador Carmona Amorós.

Introducción.
En diciembre de 1982, el Gobierno De la Madrid aceptó las condiciones de ajuste económico exigidas por el FMI para apoyarlo en la crisis de la liquidez que experimentaba. Las condiciones consistían, fundamentalmente, la liberación en nuestro país del comercio y las inversiones externos, la privatización de empresas estatales, disciplina financiera y fiscal y estímulos a la inversión externa. Esta fue la adhesión al Consenso de Washington.

Estas condiciones fueron adecuadas, a lo largo del sexenio _un sexenio turbulento de nulo crecimiento económico y elevadísima inflación (estanflación) _ por los planes Baker y Bradley y las recomendaciones de Paul Volcker, dirigente de la FED. El objetivo esencial era abrir a EU la economía de nuestro país y que no se dejaran de pagar la deuda extrema y los intereses que se generaban para no dar un mal ejemplo a otras economías tercermundistas endeudadas.

El Gobierno De la Madrid se encontró al iniciar, de hecho, ante la disyuntiva de declarar una moratoria al pago de la deuda (era de 87.6 mmdd, el 50% del PIB) o aceptar las exigencias del FMI. La economía mexicana estaba “quebrada”. La razón: la decisión del anterior presidente, José López Portillo, de “defender el peso como un perro”, lo cual mantuvo sobrevaluado el peso y significó la fuga del país de 50mmdd entre julio de 1981 y agosto de 1982 (según Larry y Rohter, de NYT, en Excelsior del 31/VII/1989, pues Banxico no ha proporcionado una cifra oficial). López Portillo y sus economistas de la SHCP y Banxico no consideraron la devaluación como una medida defensiva de la economía.

El impacto del modelo neoliberal.
La globalización o mundialización de la economía _impulsada por el FMI, el Banco Mundial, los bancos centrales y comerciales y las agencias “calificadoras”_ ha derivado en un predominio de régimen capitalista en la modalidad de neoliberalismo, el cual, en los hechos, privilegia la concentración del ingreso en un reducido grupo de financieros-inversionistas-rentistas y reduce drásticamente el Estado de bienestar social.

Sus resultados de bajo crecimiento, creciente endeudamiento, desempleo _sobre todo de los jóvenes_ y reducción del bienestar social, están a la vista no sólo en los países del sur de la UE (España, Portugal, Italia, Grecia, etc.) sino incluso en el nuestro.
En México, el desmontaje del Estado propietario y de la solidaridad social, supuestamente para favorecer la inversión, el ahorro interno y la competitividad, ha originado que entre 1983 y 2015 el crecimiento promedio anual del PIB ronde un precario 2% (una tercera parte del crecimiento del PIB mundial), el 60% de la PEA se encuentre en la informalidad y los ingresos laborales hayan perdido alrededor de 16 puntos porcentuales en su participación del ingreso nacional disponible, mismos que han sido ganados por las utilidades; y, como consecuencia, el Coeficiente de Gini ha involucionado de 0.4292 en 1984 a 0.4810 en 2014.

De acuerdo con el CONEVAL más de la mitad de nuestra población se ubica en la pobreza y alrededor de 8.6 millones de personas mayores de 64 años no tienen ahorros suficientes para vivir. La deuda del gobierno federal ronda el 50% del PIB. Y es un espejismo del gran aumento de nuestras exportaciones (380mmdd anuales), pues sólo el 25% de este monto es de contenido nacional. El capital externo se ha apoderado de muchas empresas nacionales y predomina en la banca comercial _lo que no hubiera sido permitido en Inglaterra por Margaret Tatcher, primera ministra epítome del neoliberalismo_. Por lo anterior, no parece arriesgado decir que el modelo económico neoliberal está originando una retrogradación de nuestro país a la situación de semicolonia del capital extranjero, como a finales del siglo XIX y principios del XX.

Por el triunfo de Donald Trump se vaticinan, para 2017, más reducciones del crecimiento del PIB y hay quienes incluso no descartan una posible recesión.
La vía mexicana del desarrollo 1935 – 1982.
De la vía del desarrollo económico construida entre 1935 y 1982, que identifiqué con el modelo nacional – revolucionario de Oscar Lange (“La economía mexicana y el nacionalismo revolucionario”, Ed. El caballito, 1974) se puede decir, en resumen, lo siguiente: entre 1935 y 1982 el PIB creció más de 6% en promedio anual _sin exportar petróleo; para 1973 el 52% de las exportaciones eran bienes industriales de contenido nacional mayoritario_. El Estado era, con sus empresas públicas y su gasto, factor fundamental del crecimiento: 60% del PEF se destinaba a fomento económico; la deuda externa se contrataba preferentemente para proyectos que garantizaban su recuperación; a mediados de los años 70’s se había logrado la autosuficiencia alimentaria. El país transitó de rural a urbano, de agrícola a industrial y de servicio. Ciertamente no se había logrado un justa distribución de la riqueza, sobre todo en las áreas rurales (aunque ya se había repartido aproximadamente la mitad del territorio nacional) pero había una fuerte movilidad social ascendente (para 1980 el 60% de la población urbana era “clase media”).
Hacia la liquidación del Consenso de Washington.

El triunfo de Donald Trump refleja, entre otras cosas, la crisis del modelo económico neoliberal-globalizador en EU _en la UE esta crisis ya ocasionó el Brexit y el considerable ascenso de movimientos políticos de derecha, con vestimenta nacionalista, en muchos de sus países miembros_- En el aspecto económico, el discurso de campaña de Trump anuncia un gobierno proteccionista en materia comercial y de inversiones en el exterior: anulación o revisión del TLC, anulación del TPP y repliegue al país de empresas armadoras en el extranjero (en China y México). La configuración hasta ahora de su equipo de gobierno es con políticos “duros”. adeptos a sus promesas (y mensajes) de campaña, lo cual augura que tratará de implementarlas. El Consenso de Washington parece liquidado.

Un error mantener el statu quo.
Frente a la anterior perspectiva, el gobierno federal, el Banxico y la mayoría de los dirigentes empresariales están reaccionando en el sentido de mantener o conservar en lo posible el statu quo, el ámbito y el nivel en que se ha interactuado económicamente con EU desde 1983 hasta hoy. En mi opinión esto implica un doble error: porque en lo externo se acepta tácicamente una dependencia, aunque negociada, de las decisiones del Gobierno Trump y, en lo interno, se persistiría en un modelo económico agotado que no ha ofrecido, ni ofrece, ni ofrecerá las posibilidades de crecimiento que requiere el país para un desarrollo social justo.
Momento de oportunidad para México.

El inminente Gobierno Trump le presenta a México la magnífica oportunidad de retomar, con las modalidades favorables incubadas por la globalización, la vía del desarrollo construida entre 1935-1982 y consagrada, además, en los artículos 25, 26, 27 y 28 constitucionales. No se trata de un retorno al pasado, sino de rescatar lo mejor del pasado y compatibilizarlo también con lo mejor de la nueva economía. Se trata de modernizar la vía del desarrollo nacional.

Se trata de que el Estado rector reasuma, como representante de los intereses sociales y económicos de la nación, la suerte del ritmo y del rumbo económico del país. Esta sería una decisión de economía política entendida como la ciencia de las relaciones sociales de producción(Paul Sweezy), para la cual el desarrollo económico se fundamenta en decisiones políticas (Paul Baran). Pero hay que dejar los titubeos y decidirse pronto porque, como señala Helio Jaguaribe, los procesos histórico-sociales tiene plazos adquisitivos y prescriptivos.

Parece que se está en la coyuntura, en la circunstancia, en el momento adecuado para que el grupo humano al frente del Estado mexicano demuestre que es el dirigente y dominante en los términos constitucionales citados, asuma su responsabilidad y encabece el conjunto de fuerzas nacionales _empresarios, obreros, campesinos, trabajadores intelectuales, organizaciones populares y partidos políticos_ anuentes a reconfigurar la marcha del desarrollo nacional con nuestras propias características y especificidades, con nuestra propia personalidad.
Un proyecto de país en la globalización.
Por supuesto requerimos planificar nuestro propio desarrollo nacional integral:
– El desarrollo industrial: promoción de cadenas productivas nacionales, programa de sustitución de importaciones, retomar la producción de bienes de capital, elevar el contenido nacional de lo producido por maquiladoras y armadoras extranjeras, e impulsar la agroindustrialización. Lo anterior debe estar acompañado del incremento sustancial del empleo formal y de los salarios para fortalecer el mercado interno y la seguridad social.
– El desarrollo agropecuario: programas de reconfiguración del campo tendientes a la conversión del campesino en agricultor, con toda la reorganización, capacitación e insumos que ello implica; reconfiguración de las unidades de producción; obras de capital social básico (caminos, obras de pequeña irrigación, de almacenes, de conservación y recuperación de suelos); impulsos a la ganadería, pesca y silvicultura.
– Reforma energética: reorientarla al fortalecimiento de PEMEX y de la CFE (empresas públicas que parecen en proceso de extinción), a la promoción de la industria petroquímica (que aumenta ocho veces el valor del crudo), y no a la extracción y exportación del crudo por empresas extranjeras, las cuales en realidad realizan “inversiones geográficas” (Vittorio Marrama: inversiones que prolongan la geografía de la nación de los inversionistas). Considerar que el sector energético es una base total del desarrollo económico y no puede estar en manos ajenas.
– El desarrollo social: concentrar los programas sociales en las personas más vulnerables (niños y ancianos), y reorientar recursos al uso intensivo de la fuerza de trabajo en obras de capital social básico sobre todo en las regiones menos desarrolladas del país. El trabajo productivo y bien remunerado es la política social por excelencia.
– Utilizar de manera eficaz el ahorro nacional ( es la condición si ne qua non de todo lo anterior): reconfigurar para este nuevo proyecto al Banxico, tomando en cuenta, como orientación, las bases ejemplares y sólidas forjadas en su época por don Rodrigo Gómez: como eje de un sistema financiero ordenado y eficaz, con instrumentos de encaje legal, créditos selectivos y control de tasas de interés, control inflacionario, políticas de mercado abierto para garantizar solvencia crediticia, persuasión moral. los créditos selectivos y el control de tasas de interés promovían inversiones privadas y públicas prioritarias. En la actualidad, las líneas y los montos del crédito significan un enorme desperdicio del potencial productivo del ahorro nacional, del excedente económico, y las tasas de interés exorbitantes, vale decir criminales, propician una extracción exagerada de ganancias a las matrices de los bancos extranjeros que operan en el país.
-El desarrollo económico-social del país requiere atender con urgencia otros temas cruciales: una verdadera reforma fiscal y un verdadero federalismo económico-fiscal; el desarrollo regional del sur-sureste y políticas de desarrollo conjuntas con los países centroamericanos; diversificar el comercio exterior; ordenar sistemas de salud y pensiones, etc.
Se trata en todo lo anterior, como dice de manera acertada José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento (EL UNIVERSAL, 21/XI/2016, pag. B2) de que México asuma la conducción de su desarrollo económico y se genere la unión en tomo a un proyecto de país que tenga al desarrollo productivo con bienestar e inclusión social como objetivo fundamental.
De la Cruz también nos invita a recordar que “EU no tiene amigos, sino intereses”, la célebre frase de John Foster Dulles, secretario de Estado de aquel país en los años cincuenta.
Yo recuerdo también lo que dijo un poco antes, en 1949, el maestro Hesiquio Mora Narvarrete, inspector escolar en H. Matamoros, Tamps: “Los EU nunca han sido, no son y jamás serán nuestros amigos”.

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