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‘Hands of Stone’, el carisma de Mano de Piedra Durán en pantalla grande

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Robert De Niro redefinió la actuación cinematográfica cuando se sometió a un drástico aumento de peso y engordó casi 30 kilos para interpretar a Jake LaMotta, el boxeador de peso medio de Toro salvaje, la película de Martin Scorsese de 1980. De Niro, que era ágil, magro y letal como LaMotta en su mejor momento, se convirtió en un hombre hinchado, lleno de hostilidad y confusión para representar la vida de LaMotta después del boxeo. Por su “sacrificio” De Niro ganó un Oscar al mejor actor. Pero Toro salvaje es un exigente retrato de un atleta y su deporte, no es una “película de boxeo”.

Hands of Stone, en la que De Niro interpreta a Ray Arcel, el entrenador estadounidense que trabajó con el boxeador panameño Roberto Durán en la década de los setenta y principios de los ochenta, es absolutamente una película de boxeo. Se trata de una cursi y a veces torpe producción que entrega algunos momentos placenteros, entre ellos la performance actoral de Robert De Niro.

Escrita y dirigida por Jonathan Jakubowicz, la película se inicia en el Madison Square Garden en 1971, con Arcel viendo a Durán (Édgar Ramírez) pelear por primera vez en ese cuadrilátero. “El sentido del ring es un arte”, dice Arcel en voz en off. “Un regalo de Dios que fluye desde un luchador como la pintura fluye desde el artista”. Ese nivel de escritura es el que prevalece en toda la película.

Jakubowicz intenta hacer varios guiños cinematográficos con Toro salvaje, incluyendo el uso de blanco y negro durante un flashback de 1950 cuando se muestra el momento en que Arcel se niega a jugar béisbol para la mafia, lo que significa que el entrenador puso en riesgo su vida al entrenar a Durán en los años setenta. Hands of Stonetambién intenta replicar la emoción de las escenas de boxeo de Scorsese pero no mantiene una distancia correcta. El espectador se percata de quién está ganando una pelea al ver la hinchazón de los rostros o por el descenso de la música.

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Aunque Ramírez es excelente para retratar el carisma de Durán y su físico imponente, la película se esfuerza para convertirlo en un personaje bien redondeado. A diferencia de LaMotta en Raging Bull, tanto Ramírez como Ana de Armas, quien interpreta a la esposa de Durán, mantienen su imagen de estrellas de cine en todo el arco narrativo que abarca 10 años y el nacimientos de sus cinco hijos. El lado oscuro de Durán, como se muestra en esta representación, no es excesivamente profundo: él es un boxeador con talento cuya falta de disciplina le lleva a tomar decisiones tontas.

La película se esfuerza por recrear la infame salida del ring que hizo Durán en 1980, durante la revancha por el título con Sugar Ray Leonard (interpretado aquí por un encantador Usher), proyectando múltiples rayos de yuxtaposición psicológica.

Sin embargo, la película no muestra lo que se vio en la vida real: su actitud fue una tonta manifestación de egocentrismo hecha por un importante atleta del siglo XX.

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