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Encerrar a tu hijo en casa no lo protege

niño

Aunque creamos que al encerrar a nuestros hijos en una burbuja los protegemos del peligro, realmente los hacemos más vulnerables, ya que no sabrán hacer frente a las situaciones difíciles

Todo padre se preocupa por que su hijo esté siempre a salvo, lo que muchas veces no se consigue porque, como bien sabemos, los niños también tienen que cometer sus propios errores, equivocarse y tropezarse. Sin embargo, algunos padres no quieren admitir todo esto y lo que hacen es encerrar a sus hijos en casa. Suena horrible, ¿verdad? Lo cierto es que muchos niños parecen verdaderos presos cuyos padres son sus principales carceleros. Así evitan que estén expuestos a los innumerables peligros que el mundo les tiene preparados.

Encerrar no es la solución

Encerrar evita que los niños se relacionen con otros de su edad, una parte muy importante de su niñez con la que tienen que experimentar. Si no les permitimos esto, pueden tener graves problemas de socialización en un futuro. Además, encerrar tampoco es una solución a eso que los padres denominan “los peligros del mundo”. Tarde o temprano los hijos se irán de casa o estudiarán lejos.

¿Entonces qué pasará? ¿Quién estará para protegerlos?

No somos conscientes de que si protegemos demasiado a los más pequeños, provocaremos que se encuentren incapacitados para afrontar las diferentes circunstancias que les abordarán tarde o temprano. Conozco la situación de una amiga muy cercana que tuvo que sufrir esta especie de encierro. Ella me lo explicaba de la siguiente manera: “Sentía como si estuviese encerrada en una burbuja, en la que nada malo podría pasarme, aunque yo podía ver todos esos peligros que un día vendrían a mí”.

Cuando tuvo que enfrentarse al mundo se sintió desvalida, muy insegura y llena de dudas. El encierro provocó en ella muchos más problemas de los que, seguramente, sus padres pensaban.

Los niños y las relaciones

Como hemos podido ver, encerrar a los niños puede provocar que se transformen en adultos llenos de inseguridades y dudas. Cuando ya no tienen ese apoyo que los protege de todo, se sienten vulnerables ante situaciones de lo más normales.

Por eso, encerrar a los niños no es una solución válida. Ellos necesitan relacionarse desde muy pequeños con sus semejantes para empezar a desarrollar todas las habilidades y técnicas que les ayudarán a lidiar con todo tipo de situaciones.

¿Quieres saber qué es lo que le arrebatas a tu hijo cada vez que lo encierras en casa?

  • Evitas que aprendan a solucionar problemas y a resolver situaciones por su cuenta. Todo esto, además, puede hacer que se rebele ante unas normas a las que no ha tenido que enfrentarse por estar dentro de una burbuja.
  • Evitas que aprendan a regular sus emociones, por ejemplo, la ira o el enfado. Los niños aprenderán a hacerlo si interaccionan con otros, porque sabrán que tendrán que controlarlas si quieren salir de una situación complicada, como una discusión.
  • Evitas que sean independientes, por lo que se sentirán desvalidos en el momento en que esto suceda.

Además, una consecuencia de esto es que también evitarás que sean responsables; por eso, no serán conscientes de que deberán aceptar los errores que cometen. Estas son algunas situaciones normales e importantes que evitarás que tus hijos aprendan si los encierras en casa.

Deja a los niños ser felices

Los niños dejarán de ser felices en el momento en que crezcan y se den cuenta de todas las carencias que poseen debido al encierro al que fueron sometidos. Esto les frustrará, ya que no ha sido un error suyo. Las equivocaciones, las discusiones, los problemas a los que pueden estar expuestos no los debilitarán, sino que los hará personas fuertes y preparadas para lidiar con otro tipo de situaciones.

Además, es necesario que aprendan a hacer amigos. Esto les permitirá desarrollar diferentes habilidades que les ayudarán en interacciones posteriores con compañeros de trabajo, jefes, profesores, etc. Creemos que proteger es positivo y no nos damos cuenta de que esto provoca vulnerabilidad.

Cometer errores, equivocarnos, fallar, todo eso no hace sino permitirnos aprender. Porque todos tenemos que experimentar por nuestra propia cuenta y, cuanto antes lo hagamos, mucho mejor.

¿Aún vas a encerrar a tu hijo en casa en el vano afán de protegerlo? Quizás sean tus propios miedos los que te están llevando a ello.

Permítele vivir, experimentar, aprender, disfrutar.

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