La aparición entre los zacatonales de un pequeño mamífero de apenas 400 gramos de peso, 30 centímetros de largo, orejas y patas cortas, cola solo visible en su etapa de cría, ojos vivaces y afelpada piel ocre oscuro: el conejo de los volcanes, teporingo o zacatuche, será una recompensa para el amante de la naturaleza que recorra los bosques de pinos, encinos y oyameles del Parque Nacional El Tepozteco, 24 mil hectáreas de bellos paisajes y leyendas precolombinas.

El Parque Nacional El Tepozteco se ubica entre los municipios de Cuernavaca, Yautepec, Tlalnepantla y, mayormente Tepoztlán, en la zona norte del estado de Morelos, y parte de la delegación Milpa Alta, al sur de la Ciudad de México, una geografía amagada por el desmesurado crecimiento urbano de la megalópolis.

En eras pretéritas, los volcanes Chichinautzin y Tláloc esculpieron con su lava y lahares la geología peculiar de esta sierra de imponentes formas que destaca en una región donde se asientan el pueblo mágico de Tepoztlán y ocho poblados más del estado de Morelos.

La cultura prehispánica también se resguarda en esta Área Natural Protegida. En la cima del cerro Tlahuiltepec se conserva un templo azteca, la Casa del Tepozteco, consagrado a Ometochtli-Tepoxtécatl dios del pulque, la fecundidad y la cosecha, una pirámide construida entre 1200 y 1300 D.C., a 600 metros sobre el Valle de Tepoztlán.

Desde esa altura, y por donde se atreva el caminante a abordar las montañas agrestes o los terrenos forestales de esta Área Natural Protegida, decretada  Parque Nacional desde el 22 de enero de 1937, disfrutará de paisajes de extraordinaria belleza por su riqueza forestal constituida además por sabinos, ahuehuetes, ceibas, cazahuates, mezquites, zacate de escobillas y zacatonal alpino; verdes conglomerados que dan hábitat al venado cola blanca, el lince, la codorniz coluda neovolcánica, las víboras de cascabel oceladas y las pigmeas mexicanas, así como las de bandas cruzadas.

Entre una flora singular de orquídeas, mateleas espinosas, flores de muerto, ahuetules y lilis, los potentes trinos de cuitlacoches manchados o gorriones serranos, los rítmicos giros del chupaflor canelo, el vuelo de los vireos pizarra o los chipes rojos y mirlos dorso rufo, motivarán al paseante al deleite acústico  de esta sinfonía de los bosques, a la que aporta sus notas el correr inesperado de una lagartija escamosa barrada o castaño, o el arrastre zigzagueante de una culebra listonada de montaña cola larga, de una llanerita o de una falsa nauyaca mexicana, entre decenas de especies de fauna.

La existencia de este reservorio en el Parque Nacional El Tepozteco exige al viajero respeto a su caudal biológico y a su joya más representativa, el conejo de los volcanes (Romerolagus diazi), el más pequeño de la familia de mamíferos lagomorfos –después del conejo pigmeo (Brachylagus idahoensis)– cuya mirada enternece al más fiero. El zacatuche, que significa en náhuatl conejo de los zacatonales, nuestro pequeño teporingo es una especie endémica, es decir, exclusiva de esta pequeña región geográfica mexicana y de ninguna otra parte del mundo, por lo que su conservación significa un enorme compromiso para todos.